Aunque son

«Existe una mortificada responsabilidad del hombre hacia una vida más alta»
Robert Musil

«Aunque sean como son, las cosas quieren ser más»

Querer más, alguna otra cosa. Un límite es lo que nos define como lo que no somos, lo que nos impide ser más. No querer ser lo que somos: lo demasiado poco, lo demasiado inscrito en el exceso de lo tan poco, lo tan magro, tan líquido y tan liquidable. Queremos ser algo más en lo menos, incluso en lo mínimo, en lo más despreciable; pero, aun así, y sostenido en ese canto enfermo, difícil, no dependiente de rama ninguna, como la pequeña cruz oblicua que nos clava en la piedra. Secar, quedar secos, demasiado secos, muertos casi en la misma cesación de los deseos. De esa pequeña muerte que dura lo que el respirar anhelante que pregunta. Ese preguntar, ese quedar sin alma, sin aliento y seguir pidiendo. Pedir lo de siempre, lo que no hay, lo que ya no se da y queda lejos, fuera de temporada. Estar donde ni estamos, donde no somos; de ahí, precisamente de donde ni tan siquiera somos, allí, en el monte aquel, tan lejos y a trasmano, en aquella procesión, en el sentido silencio de una oruga que sigue a su compañera de fila, la fila que sigue y sigue más, hasta el callar de las hojas, en la verdura triste de las eras, tan poca y tan parva, tan queriendo salir de sí y ser otra cosa, ser de alguna manera otra; al menos seguir y seguir queriendo hasta salir de sí junto con el tiempo que le llega y casi le alcanza. Deber ser, deberlo todo, adeudar hasta el límite de nuestra cuenta inevitable la condición del durazno que cae en el pálpito de la misma espera, en la inesperada sensación de lo insuficiente, lo demasiado en lo poco. Cada segundo, cada mirada, cada sonrisa, la última carantoña de un cuerpo que está donde falta, que no quiere su ser, sino la ausencia de lo que fue y vio y tuvo ese instante tan duradero que casi ni tiene tiempo de seguir siendo, que se desliza en nuestra menesterosa dependencia, en los locales del nunca, ansia constante de más, de menosprecio de lo que estamos siendo y sigue y dura y sigue porque la mano no se aguanta y se desprende sola hacia la curva lejana, la incógnita de un solo instante sin fin.

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2 comentarios en “Aunque son

  1. «—¿Hay unos pecados que la oprimen? —preguntó como sin darle importancia, y asintió cortésmente, como si se alegrara de estar conforme al fin con su cuñado—: ¡Esto es un síntoma!
    —¿Un síntoma? —preguntó Walter, contrito.
    —La manía de la culpabilidad es un síntoma —confirmó Siegmund con la imparcialidad del especialista.
    —Éste es el caso —añadió Walter, recurriendo inmediatamente contra una sentencia que él mismo había provocado—; pero antes tienes que preguntarte una cosa: ¿existen los pecados? Naturalmente que existen. Pero entonces se produce una manía de culpabilidad que no es tal manía. ¡Puede que tú no lo comprendas, porque es algo que está por encima de todo empirismo! Existe una mortificada responsabilidad del hombre hacia una vida más alta.
    —¡Pero ella afirma, no obstante, que le envían signos! —objetó el obstinado Siegmund.
    —¡Y tú dices que también a mí me envían signos! —exclamó Walter con vehemencia ¡Te digo que a veces suplicaría de rodillas a mi destino que me dejara en paz: pero no deja de enviarme signos una y otra vez, y los más extraordinarios me llegan a través de Clarisse!
    Luego, prosiguió en tono más tranquilo:
    —Ahora dice, por ejemplo, que este Moosbrugger es la «forma pecadora» de ella y de mí, y que nos ha sido enviado como advertencia; y esto hay que entenderlo en el sentido de que es un símbolo, un símbolo que nos indica que estamos descuidando las posibilidades superiores de nuestra vida, su forma luminosa, por así decirlo.»

    Robert Musil, El hombre sin atributos, tomo 2, pág. 278.

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  2. “El hombre no anhela el placer ni esquiva el desplacer: espero se comprenda el inveterado prejuicio que combato con estas palabras. Placer y desplacer son simples consecuencias, simples fenómenos concomitantes; lo que el hombre quiere, lo que quiere la más pequeña parte de cualquier organismo vivo, es un aumento de poderío (…) Analicemos el caso más sencillo, el de la nutrición primitiva: el protoplasma extiende sus falsos pedúnculos para buscar algo que le resista, no por hambre, como pudiera creerse, sino por voluntad de poderío. Luego hace la tentativa de vencer dicha resistencia, de apropiársela, de incorporársela; lo que se llama nutrición es simplemente un fenómeno subsiguiente, una aplicación de aquella primitiva voluntad de hacerse más fuerte.” (Nietzsche, Voluntad de poder, 695)

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