Fulge inesperada

Junto al autobús, la nieve. Noche gélida. Oscuro todo. Tan sólo la nieve iluminada por una luz, ¿propia? Rodeaba la estación. Otra vez aparecía nada más bajar como repentina acumulación junto a las ruedas, un talud blanco manchado de lluvia reciente. Bajas para ser acogido por una nieve, el frío corta la cara. Bajas al cálido ambiente, la nieve delante. Bajas al mundo de la nieve, que presenta, que ampara. Huésped de las nieves. Calor, oleadas en los ojos. Roce intenso y ya la nieve te cubre. ¿Qué nieve ardiente, qué calor de penumbra al dejar el semisueño del trayecto, ruidos de canciones coreadas dentro, modorra casi budista, ausencia? Dormido, ya no estás en ese viaje. Y, en el mismo momento, la nieve.

erich-hartmannmagnum-photos, 1967

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2 comentarios en “Fulge inesperada

  1. La soldadesca de un autobús, que hacía el trayecto San Clemente de Sasebas (Gerona)-Pamplona, cantaba a coro: «Voló, Carrero voló». Era el año 1978, pero aún coleaba el atentado de ETA en diciembre del 73.

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  2. Dices «nieve» y la posibilidad de ese decir se expande. Poliespán. «Nieve» en la parada casual de un autobús. La expectativa puebla la esquina de nieve gris, apelmazada, oscureciéndose, en una espera de algo interminable. La palabra, la cosa, el momento en que son, en que fueron. Lo que es, lo que fue, lo que está siendo.

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