Meditación de la terraza

¿De dónde vienen
las cosas que se aparecen
sin necesidad,
y sostienen
el peso del cuerpo?

¿De dónde caen
los segundos
que vuelan rápidos
a posarse sobre la piel tierna
y soluble?

Tienen permiso,
traen kilométricos
para andar por todas partes;
se suben por las paredes
con garfios y piolets;
bucean
con destreza
y aletas de goma especial…

¿Quién les dice
que ya es la hora
de dormir o de levantarse?

¿De dónde sacan el empuje
ascensional,
el arranque
para edificar mañanas?
¿Qué ladrillos
construyen
el edificio
que ya se desmorona muy a cámara lenta?

¿De dónde,
de qué tienda,
vienen los ladrillos,
los segundos de agua
sólida?

[Me entretuve jugando a los cromos, a las tabas, con lagartijas nerviosas, con salamandras humedísimas, mastiqué pájaros de colores vivos, ensarté una comadreja, ostenté animales con aires de victoria, desnudé cuerpos reacios, hondonadas inaccesibles, maleza hogareña, orugas en los ojos picantes (procesionarias abarrotando las manos), hurgué en el desagüe con un palo y peligro de ceguera…y aquí estoy ahora esperando a las cosas, a los ladrillos de la pared, los segundos goteantes, por encima de una ría infinita: tubos de neón y botellones surcan desafiantes el mar imposible].

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