Somormujo

Cuando bajábamos por la orilla del Ebro lo veo de repente salir a la superficie y pienso: «somormujo» no porque identificase al pato que así se llama, sino que la palabra me viene como si fuera un pensamiento completo (eso que denominan una proposición), algo que definiera un acto o ejecución artística peculiar, la que acabo de ver como que estaba pasando en el río. No es un nombre lo que me llega (aunque lo fuera) sino que lo siento como un verbo. Ya sé que no hay una forma verbal de presente «somormujo» como no hay un verbo «*leonar» con su correspondiente «león» en cuanto mejor representación verbal del acto de aparecer con una gran melena pelirroja y rugir. Aquí me pasa algo parecido en ese sorprendente instante en el que contemplo el agua intacta, impecable hacia la mitad del cauce y entonces surge de las profundidades, de la nada, aparece, y la manera grácil, tan elegante de hacerlo, aparentemente descuidada pero inimitable (los otros patos de la esquina de los juncos no hacen lo mismo), un modo de aparecer desde el fondo tan «suyo» que nadie pudiera decir ante lo que ha presenciado otra cosa que «somormujo».

SOMORMUJO

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