Desligado

Eso que nos es desconocido de lo que creemos saber que somos. Este «creer saber» que habitamos, por un momento se rompe, baja la guardia, desconecta la falsa seguridad y se abandona un rato a lo que tengamos de carne, eso que no poseemos del todo. Se trata entonces de un hacer por desconocerse, por ajenarse de lo sabido. No saberse. No saber qué es lo que somos. Si creemos ser algo, conviene dejar de creer saberlo. Decididamente conviene no saber, desconocer activamente, y actuar desconociendo. Cuando las cosas toman la iniciativa en nosotros, nos poseen, nos arrastran, y lo que nos rodea vive una vida propia, de la que tan sólo somos una parte. No saber porque nada de lo sabido es querido como lo mismo, sino deseado como distinto. Lo distinto de cualquier tiempo ya fijado y previsto. Evitamos su prefiguración, la preocupación previa por lo que pueda o deba ser y sentimos que el único momento realmente vivo es el momento de la incertidumbre, gracias al cual aceptamos lo que el mundo pueda tener de inevitable. Todo puede siempre deshacerse. Cuando vivimos de verdad somos los que sienten que todo está en vilo. En un veremos. No sabemos qué pueda pasar. La sorpresa que nos espera: victoria, derrota, decepción, inesperado encuentro con el monstruo, con la belleza que se ignoraba, con la garra de la vida que siempre se resiste a seguirse a sí misma; que nos quiere, nos pide, nos ve, nos mira, nos dice que sí, que nos espera allí de donde no saldremos como entramos, donde se encuentra al otro –o lo otro cuando se hace persona, lo desconocido cuando se vive como único, lo destinado– esperando. Miradas sobre un cuerpo. Ese pobre cuerpo con que volamos un vuelo de reconocimiento de uno mismo y del otro. Unión entre distancias y proximidades. Nos vemos y nos desconocemos. Nos rodeamos, nos cercamos. Vivimos el momento de la proximidad, de las posibilidades, de los tanteos, de lo imposible. El anhelo de un imposible que pretende vivirse aquí como un siempre con lo que no se quiere saber, lo que no se quiere decir, y por eso se dice lo que no se sabe, el puro balbuceo, el palabreo absurdo y descuidado, las preguntas infantiles sobre la sorpresa de ser el que se es, de tener lo que se tiene. Saltos de adaptación, impulsos de reacomodo y alineamiento en un espacio que se deseara imposiblemente infinito. No debería acabar nunca en su brevedad. Por eso se altera el espacio, para desconocerse, se busca la otra esquina, la forma del dorado flanco que brilla en lo oscuro por el reflejo de la luz de la lámpara (contra’l lum de la lampa), fundida en la luz propia como si fuera ajena y propia a la vez, lee las letras torcidas, que hablen su lengua oculta, nueva y desconocida. Queremos lo tapado y desconocido. Breve cuerpo que no se ve, pero se quisiera ver como no habiéndolo visto nunca. Lo que sale de sí sin haber entrado. Lo que no está y que se quiere por primera vez aquí, de nuevo está aquí, ambos distintos y enlazados en lo que no se sabe. Desconocer siempre y ver venir lo que nunca se deja ver. No querer saber lo que es, porque lo que es no se espera, se anhela lo que no es nunca igual a sí mismo: tu pavor, tu miedo, mi miedo, nuestros vecinos los otros que somos nosotros, los que no queremos conocernos como los de siempre. Dar noticias imposibles a lo que no se sabe. A quien no sabe y por eso sabe más que nadie y que nada. Nada desconoce precisamente cuando todo lo ignora. Ignorar para saber verdaderamente. Para entender dejando que lo que no se sabía se sepa porque sorprendentemente está esperando. Espera y despierta en ti lo que no sabías y esperabas como gran sorpresa. ¿De dónde vienes para encontrarte aquí? ¿De dónde has salido para llegar a ti sin quererte encontrar en la realidad? Te esperan en tu cueva. En lo oscuro. Sabe y desconoce y estás en lo oscuro. Su brillante negrura, luminosa, te absorbe ahora. Ahora la que está siempre y que no pasa, que no sucede en el momento en que todo pasa y sucede. Juntos ahora siendo lo que nunca sabíamos que fuéramos.

(De un cuaderno Status DINA4 de tapas negras, fol.40)

Chagall-GreenLandscape

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Un comentario en “Desligado

  1. e qe.l remir contra.l lum de la lampa

    en Arnaut Daniel, Doutz brais e critz, IV, vv. 25-32:

    Dieus lo chauzitz,
    per cui foron assoutas
    las faillidas que fetz Longis lo cecs,
    voilla, si.l platz, q’ieu e midonz jassam
    en la chambra on ambdui nos mandem
    uns rics convens don tan gran joi atendi,
    qe.l seu bel cors baisan rizen descobra
    e qe.l remir contra.l lum de la lampa.

    [El benigno Dios, por quien fueron absueltos los pecados que cometió el ciego Longinos, quiera, si le place, que yo y mi señora yazcamos en la cámara en la que ambos fijemos una preciosa cita, de la que espero tanto placer que descubra su hermoso cuerpo, besando y riendo, y que lo contemple contra la luz de la lámpara.]

    Martín de Riquer, Los Trovadores, Historia literaria y textos, II, Ariel, Barcelona, p. 632.

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