Silex Scintillans

Cuando todo dice que no, apetece el absurdo del sí en la boca misma del infierno. Posiblemente ya estemos condenados. Sabiéndolo aceptamos la tiniebla con gusto. Porque es tiniebla sin promesa alguna. Con la seguridad de que no hay nada allí, oculto o esperando al fondo de la estancia. Aquel brillo que creímos vislumbrar era sólo el deseo que engaña a la vista. Pero es cuando la vista se engaña cuando penetramos buscando alocadamente rastros en las más hondas galerías. El perro ya nos roe los zancajos; la vieja calva nos espera tras cada peña, y seguimos avanzando porque creemos, una y otra vez en vano, atisbar oscuramente algo, y, agotados, insistimos en proseguir la cacería, como los pálidos monteros entre las piedras.

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