Desde la mesa

Ver otra vez colores marcando límites: jugar con ellos, nadar en sus orillas, dejarse llevar, sus formas alteradas quizá por algún viento que sopla desde ángulos imprevistos. Mirar a fronteras más lejanas, allí donde parece perderse su última huella libre y encontrar la luz que nace con ellas, que las ampara y recibe en haces esperados, en bienvenidas de brisa.

Un cuadro cotidianamente pintado y sólo ahora visible.

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