Omni vacua parte exclusa

¿Qué pensamos que piensa el otro que pensamos? Y eso que pensamos ¿a quién interesa si no es a nuestra propia maquinaria de preocupaciones? ¿Qué nos da, si algo nos da, esa pasión? Y cuando nos da, ¿para que sirve lo que da? La vida se va volviendo así un laberinto de errores, de malos entendidos, de ociosas supersticiones trabadas las unas en el hueco hábil de las otras, en ese único resquicio que seguía desocupado; si no quedaba otro más que ese, pues en ese mismo que era el que quedaba. ¿Y para qué semejante aprovechamiento intensivo de inutilidades? Pues para nada, tal como le corresponde a la naturaleza de las cosas. Sacamos en limpio un entretenimiento de complicaciones vanas, lo retorcemos todo un poco más por si es que ya no lo estaba. Y ya lo estaba. Lo está siempre. Así pues entonces procuramos que lo esté un poco más. Le añadimos porque sí un tropezón nuevo, ese que le faltaba a la realidad, ¿y todo para qué? Pues para que alguien caiga en él, a ser posible nosotros mismos.

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