Gracioso

Pongo como fondo de escritorio del blog la caricatura que me hizo mi hermano allá por el 83, digamos, y seguidamente y por asociación, me viene a la mente el problema de la gracia pública o el de su ausencia: el de que uno pueda hacer, tener gracia o ser «gracioso» y todo ello de consuno o el de no serlo en absoluto y sin embargo resultarlo.

En ocasiones y cuando en alguna reunión se dan circunstancias favorables y si se sabe aprovechar la oleada favorecedora del chiste enfocado en rasgos característicos de la personalidad del sujeto en cuestión, su carácter o maneras, cabría también la posibilidad para el tal individuo (y por comodidad me incorporo yo mismo), y siempre si es que sabe «coger la ola», digo que cabría suponer que la gracia se le posara encima y hasta que la tenga ya posada sin espantarla ni obligarla a alzar el vuelo durante ese rato en que se ha constituido en tema o en objeto de gracia (el sujeto de la tal gracia se convierte ipso facto en foco o en tema mientras en una reunión o cena acierte a monopolizar el interés general risible más allá de esos segundos protocolarios y merezca, por tanto, al menos la suficiente atención como para provocar un pensamiento risible completo o chiste), digo que, dada esa situación, le cabrá entonces la posibilidad de considerarse centro de atención «graciosa» sin que necesariamente haya en él nada específicamente «gracioso» o sin que el ser gracioso haya sido apreciado como uno de los componentes de su persona pública. Y entonces surge la pregunta: incluso en ese caso, ¿de verdad no hay nada? ¿Nada de nada?

¿Cuánto puede durar como tema o foco un cenizo o un soso, por ejemplo? Seguramente un instante y muy poco más (y con un público favorable, cortés e imaginativo). Porque no se trata de que el soso tenga gracia (que por definición no es posible) sino, más bien, de que «aguante el tipo» como motivo de la gracia que otros puedan hacer a su costa; que sostenga el coro de risas con la fuerza mínima necesaria como para que no decaiga la hilaridad. Pero con el soso suele decaer irremediablemente enseguida. Así que si el sujeto, pese a todo, aguanta un cierto rato y ese rato ocupa, como digo, dos o tres tiradas de guasa (las ristras de chistes a costa de detalles graciosos que casi siempre aparecen engarzados con anécdotas, etc.) puedes considerarte investido ya de un cierto «algo», de un no sé qué, ya no sé si de gracia, que igual es mucho decir, pero sí de algún aura involuntaria, una oculta propensión favorecedora, multiplicadora y provocadora de la risa, como la de aquellos elementos integrantes de un explosivo que sin constituir la carga principal ayudan, acompañan, y en ciertas ocasiones imprescindiblemente, multiplican la explosión final o traca.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s