Revisión

…o la espera de suponer que sea posible otra postura, otra mirada al lugar, alguna otra manera de ir colocando ese algo tan presente (aquí, allí), tan inmediato que anula toda suposición de lo que fuera posible o esperable, como cuando te vuelves a encontrar contigo al despertar de madrugada o topas en el sitio que los dejaste con los propios y familiares miembros y por fin la mañana, esa mañana de cera, oscurece lentamente su ceniza y el día se cansa de esperar, y acaba con que va a seguir tal y como dicen los prospectos, sin preámbulo alguno y de ahora en adelante. Sin embargo y para todo lo demás deberíamos acompañarnos de los trajes adecuados, como el de neopreno, o incluso el de tejido más duro, el amianto crepuscular o el plomo ceremonioso, habría que irse ya vistiendo así, bien trajeado, de fiesta o de bonito, habría que pedir permiso al vecindario para mover un primer pie de madera o ese segundo pie blando y desencajado, cuando la atención por fin alcance a distinguir algún principio en el deseo de ser, alcance a comprender su complicado invento (poleas de interminable circulación, cadenas engarzadas por sus mismos ganchos, simpáticos cuadros de infatigable actividad fabril y edificante, churretes negros deslizándose por las fachadas, vueltas y vueltas por los aledaños del viejo barrio nocturno, siempre con las obras en perpetua construcción, antiguas obras ya destartaladas, hallarnos en el camino tibio y plateado de una noche desierta y sin coches, las calles iguales, impecablemente vacías, el suelo como recién llovido y pulimentado a la vez, las viejas puertas acabadas de cerrar en ese mismo instante porque ya era hora, habían dicho, pese a ir con el billete de curso legal convenientemente taladrado, y oír, a pesar de todo, que ya es la hora, que ya es tarde, que todo esto sobra, que ya cerramos, no te molestes, para qué, pero aun así seguir tan quieto e impecable ante el raído mostrador, pieza y cazador en el mismo acto de muestreo, en la venta al por mayor, en el escaparate nocturno y contemplar desde lejos, como en un sueño, ese dormitorio familiar del que despiertas todavía sin haberte acabado de vestir -«pero ¡aún andas así!»- mientras pasan al fin todos ellos juntos por delante, pasan muy despacio en automóvil oficial y desde la calle te saludan cariñosos y mira, tú, ahí tú todavía, en cuclillas, sin vestir, que sigues sin ropa adecuada, que es que no sabes qué hay que ponerse para las ocasiones, si es el traje de bonito o cuál, el de popelín o más bien el de holandas, ante esa misma burda materia grasa y consistente, y es ya la hora de saludar desde aquí, ponte, ven y saluda y pon cara de fiesta) y que todo eso entonces nos fuera acercando a las antiguas escalerillas húmedas, ayudándonos a encontrar la salida, y así poco a poco, aunque ya es algo tarde (trop tard, monsieur), por entre la vieja y oxidada tapa de hierro, bajo aquel aceite tan podrido e irisado y colorido a la media luz de la antigua plaza nocturna, la de siempre, y ahí saludar al día, volver otra vez, una vez más por favor, empezar la misma y reiterada revista de ordenanza: ropa, botas, arma reglamentaria…

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Un comentario en “Revisión

  1. Cuando concluyo la cuarta corrección de la entrada de arriba lo hago con el firme propósito de dejarla ya así, por fin de una vez quieta. Y es entonces cuando caigo en la cuenta de que su descarado título está actuando artero como una maldición y me tiene atado aquí a semejante pedazo de líneas que pretenden definirse como inalcanzables…

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