Peces de ocasión

Esquinas, rincones…

Sea cual sea el sitio en que te encuentres, echarás de menos otro sitio, algún lugar que te acogió por entonces. Me refiero a que busco esta tarde un lugar, una simple esquina que hubo, como otras esquinas en algún momento viva y habitada, y sólo ahora la ves (¿realmente la ves, es esa que el plano fotográfico te acerca ahora?), quizá tan falsamente ahora como verías tu esquina en aquel tiempo ocupada en sus ángulos por un bar, el bar de las sobremesas, al que íbamos todos los compañeros a tomar el café después de las comidas, y que esta tarde busco ya de una vez y encuentro su foto como la de una esquina cualquiera vacía y hueca, un local abandonado (tendrá por alguna parte ese cartel de “se traspasa” tan frecuente) de una calle de Valladolid.

El maravilloso Pasaje Gutiérrez en la calle aquella próxima a la Plaza Mayor. Con su copia del Hermes de Cellini sosteniendo ese funcional y decorativo globo de luz. Cuantas veces pasara por allí (y procuraba hacerlo en cuanto la dirección que llevaba lo permitiese) me colocaba en la rotonda, y daba una vuelta al Hermes para ver el efecto cenital de la cúpula acristalada o claraboya.


**

¿En Valladolid qué hubo? ¿Qué pasó? ¿Qué tengo yo que ver con Valladolid? La música, los amigos, ciertos anclajes en unos momentos vividos… Nada más. Poco. ¿Hubo quizá algo más? ¿Lo truncado que no fue o cierta definición de uno mismo que se hubiera gestado allí entonces por contraposición a lo que nos fue haciendo después…?

También podríamos ver el Colegio, la Sala, la Rosaleda, la pastelería Padova, el cine Zorrilla, todo aquello como un encierro remachado de extrañeza y rabiosa inexistencia, una atosigada condensación furiosa y adolescente…

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Un pensamiento en “Esquinas, rincones…

  1. ¿Sabrá alguien cómo se llamaba el bar que ocupaba esa esquina y que en 2008 ofrecía ese aspecto de traspaso y reconversión? ¿Qué ha sido de la cafetería-pastelería Padova en los soportales de la Plaza Mayor? ¿La actual Pastelería Cubero es la antigua Padova o es otra? ¿Qué ha sido de aquellos pasteles de nata que tan bien acompañaban a las copas de Carlos III y en el mismo local?

    Gracias a mi amigo y compañero Eduardo rescato el nombre del bar que da origen a esta entrada, se llamaba Carta Blanca. Recuerdo aquella memorable sobremesa, monográfica y teatralmente ocupada por la visita de Aurelio, el enlace -clandestino, por supuesto- del PC en la ciudad. Parecía, visto al fondo de aquella mesa larga en el reservado del altillo del bar, un agente recién llegado del Frío, de Rusia, del Otro Mundo…

    Me fijo ahora que llamo arriba «cine Zorrilla» a lo que todo vallisoletano considerará orgullosamente su teatro, y más aun tras la costosa restauración. Jamás lo sentí como teatro. Para mí era siempre por entonces un cine pequeñito en el que ponían esas películas raras que sólo se podían ver allí: el Acorazado, el gran Ivan el Terrible, Lolita, aquellas cosas horrorosas y brasileñas con horripilantes “cangaçeiros” de Glauber Rocha…

    Entrada del Teatro Zorrilla

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